domingo, 3 de enero de 2010

De niebla y humo

Una de las ventajas de vivir en “provincia”, además de la seguridad de sus calles y sus cortas distancias, es el ambiente de cielo azul y libre de esmog, peligrosa sustancia definida por el Diccionario de la Real Academia Española como niebla mezclada con humo y partículas en suspensión, propia de las ciudades industriales.


La contaminación que va en aumento día con día hace que esta palabra esté más presente en nuestra cotidianeidad, al abrir el periódico y ver los noticieros podemos observar cómo esta mortal niebla se apodera de nuestro planeta y los terribles efectos que causa en la salud. Esta palabra seguramente se hace fonéticamente curiosa para muchos, pero ¿de dónde proviene este curioso nombre?


La palabra esmog cuya escritura correcta es la palabra inglesa smog antecedida por la letra e, está aceptada por el diccionario de la RAE, siendo ésta una adaptación gráfica propuesta para la voz inglesa smog, acrónimo, o sea, vocablo formado por la unión de elementos de dos o más palabras, constituido por el principio de la primera y el final de la última, de smoke “humo” y fog “niebla”.


Lo que es ignorado es que la palabra esmog, tiene un calco, es decir, una adopción del contenido semántico, o sea del significado, de una palabra o expresión extranjera, traduciendo su significado mediante unidades lingüísticas propias de la lengua de recepción en este caso el español, que es neblumo acrónimo de niebla y humo, cuyo uso es menos común que su hermano gemelo esmog.


Esmog no es la única palabra que contiene una equivalencia en el español pero es utilizada popularmente en su versión inglesa, existe un sinnúmero de palabras que se encuentran en esta situación, pero cuyos calcos lingüísticos nos parecen más comunes, como los son baloncesto o balompié provenientes del inglés basket-ball y foot-ball respectivamente.


Y ante toda esta explicación nos preguntamos por qué utilizamos la palabra esmog en vez de neblumo, las razones pueden ser varias: por economía del lenguaje, por la ignorancia de un término que la reemplace, o puede ser un reflejo de la situación actual del país en subordinación con su vecino del norte.


Los medios nos hacen estar cada vez más en contacto con la lengua inglesa, y nos han hecho pensar que está de moda utilizar anglicismos, incluso existe la creencia de que su utilización aporta estatus social. Hemos caído de manera casi inconsciente en el uso de estas palabras y lo cierto es que la fuerza de la costumbre es una de las mayores culpables.


Cada hablante puede hacer con su lengua un papalote, pero no debemos perder de vista la riqueza de nuestra propia lengua y las opciones que nos ofrece para expresarnos, y tal vez un día cuando que el esmog lamentablemente alcance a nuestra blanca ciudad, venga acompañado de su calco lingüístico el neblumo.


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